2004

Hasta el último suspiro

El argentino Ricardo González tuvo en su mano el triunfo, pero finalmente fue el francés Christian Cévaër quien acabó sonriendo de oreja a oreja.


 

En cualquier actividad deportiva, así ha quedado demostrado en decenas de ocasiones, no se puede cantar victoria hasta el último segundo, cuando el triunfo está amarrado y más que amarrado. Los vuelcos inesperados y las situaciones imprevisibles son el pan nuestro de cada día, especialmente en el mundo del golf profesional, donde ganar, ay ganar, es un ejercicio titánico en el que intervienen los competidores, uno mismo, el propio campo…
El argentino Ricardo González, que llegó a Fuerteventura Golf con la vitola de ganador en el Open de Sevilla celebrado la semana anterior, tuvo en su mano la reedición del triunfo, dos torneos seguidos que para él hubiese supuesto la gloria y el reconocimiento generalizado. Drive va, drive viene, fuerte, directo y bien lejos como en él es habitual, Ricardo González lo tenía todo dispuesto para volver a ganar cuando se dispuso a encarar, ya en la última jornada, el hoyo 16…

Situación imprevisible

Con todo a su favor, lo previsible se convirtió sin embargo en imprevisible. El marcador no dejaba lugar a dudas: líder consolidado con 10 bajo par y 3 golpes de ventaja sobre Christian Cévaër, un francés que, tras alternar golpes sensacionales con otros simplemente correctos, se encontraba al acecho en el horizonte. No obstante, algo falló, un borrón inesperado en el guión que, por contra, convirtió el tramo final del Canarias Open de España en el más emocionante e incierto de todo el Circuito Europeo en lo que iba de año.
El drive de González, siempre machaconamente rectilíneo, se desvió radicalmente, enviando la bola fuera de límites. Por si fuera poco, Cévaër apuntó en su tarjeta un ‘eagle’, una concatenación de resultados, en apenas cinco minutos de juego, que situaron al francés en la primera plaza. Para rizar el rizo de la creciente emoción, el galés David Park y el sueco Peter Hedblom firmaban sendos ‘birdies’ en el mismo lugar donde quedaban sepultadas en la práctica las opciones de Ricardo González, dos nuevos aspirantes a un título de repente multitudinario.
Quedaban, eso sí, dos hoyos por delante, poco en apariencia pero, dadas las cambiantes circunstancias, todo un mundo en la práctica, sobre todo porque David Park se encargó, con un birdie en el 17, de comprimir aún más la parte noble de la clasificación. Llegado a ese punto, no quedaba más remedio que aplicar serenidad en el marco de esa complicada nebulosa repleta de nervios e incertidumbre, un sí pero no en el que estaban implicados cuatro jugadores y del que salió bien parado el francés Christian Céväer.
La consecución de la felicidad fue sin embargo un ejercicio arduo, como no podía ser menos con unos antecedentes tan taquicárdicos. De hecho, el segundo golpe de aproximación a green del jugador galo fue de esos que hay que desterrar del recuerdo, un pufo no obstante compensado con otro golpe de características magistrales que, ya sí, le permitieron asegurar la victoria.
Concluida la batalla, llegó la hora de la recapitulación, la hora de los lamentos –“todo lo que hice mal en el día fue un golpe”, se resignaba Ricardo González– y la hora de las satisfacciones plenas, sobre todo porque el triunfo de Céväer en el Canarias Open de España era el primero de su cosecha en el Circuito Europeo tras una larga travesía por el desierto que ha incluido un cambio de swing y una prolongada lesión que cercenó gran parte de su temporada 2002 y 2003. “Quiero dedicar esta victoria a mi padre, que siempre me apoyó en mi intento por ser golfista. Esta victoria es fabulosa y demuestra que la perseverancia tiene su recompensa”, acertó a decir Christian Céväer nada más recoger entre sus manos el trofeo de campeón.

Decenas de alternativas

Atrás quedaron decenas de alternativas y situaciones comprometidas en un campo azotado, sobre todo en las dos primeras jornadas, por un viento racheado que alcanzó los 50 kilómetros por hora. Incomodados por ello, semejante contratiempo meteorológico resultó sin embargo una anécdota para el galés David Park, instalado en el liderato durante las tres primeras jornadas gracias a unos resultados inalcanzables para el resto de sus rivales.
Poblada su tarjeta de birdies, Park acumuló once bajo par antes de colocarse en el tee del 1 al inicio de la tercera jornada, una vez establecido el pertinente corte que superaron, entre otros muchos españoles, los canarios Rafael y Miguel Cabrera, amateurs de larga proyección que se permitieron el lujo de aventajar con su sobrediente rendimiento a un buen número de jugadores más consagrados. “Hemos venido a aprender y a pasárnoslo lo mejor posible”, decían a cada poco mientras consolidaban su presencia entre los mejores.
En este grupo de destacados se inmiscuyeron con frecuencia otros jugadores españoles, si bien la inoportuna alternancia de buenas acciones con resultados descorazonadores impidió que brillaran con más fuerza. Fue el caso de Carlos Rodiles, un auténtico ciclón nada más empezar, líder con 5 bajo par durante buena parte de la primera jornada, enfangado con un triple bogey en el hoyo 17, toda una odisea ­–primero fuera de límites, luego detrás de un árbol– que le obligó a ceder el protagonismo hispano a Diego Borrego, machaconamente regular –sólo un bogey y dos birdies– antes de concluir su primer recorrido con dos aciertos que contrastaban con las enormes dificultades de José María Olazábal, un discreto comienzo del que no pudo recuperarse en la segunda jornada.
Olazábal, una de las grandes atracciones del torneo, chocó frontalmente contra el hoyo 2, el más difícil del recorrido, una acequia enorme a la izquierda, una valla a la derecha, un fuera de límites a pocos metros… y viento racheado en contra. Tal acumulación de obstáculos generó en José María Olazábal un resultado imprevisto, un triple bogey que cercenaba de raíz sus opciones de seguir en competición. La retahíla de lamentos –“¿Qué se puede decir en un día en el que sólo fallas dos greenes y sin embargo firmas 75 golpes? Hice un triple bogey en el 2, un doble en el 12 y únicamente un birdie en el 5. En total, 37 putts”– resumían una actuación castigada con la eliminación prematura, un objetivo que por fortuna sí salvaron otros muchos españoles.
Las cosas, claro, se podían hacer mejor –como de hecho pusieron de manifiesto de forma circunstancial el suizo Julián Clement y el francés Gregory Havret, autores del récord del campo, con 63 golpes ambos, durante la segunda jornada–, y a ese objetivo se aplicó especialmente José Manuel Lara. El valenciano, muy inspirado en la presente temporada, con excelentes posiciones finales en muchos torneos, comprobó como todos cómo la firmeza del líder provisional David Park se deshacía como un azucarillo ante el empuje de Ricardo González durante la tercera jornada y la mayor parte de la cuarta. La sentencia, de hecho, ya estaba firmada a favor del argentino. Pero fue entonces cuando el hoyo 16 se interpuso en el camino…

CLASIFICACIÓN FINAL

1.- Christian CÉVAËR (Francia) 271 (66+67+69+69)
2.- Peter HEDBLOM (Suecia) 272 (68+66+68+70)
+.- Ricardo GONZALEZ (Argentina) 272 (67+70+64+71)
+.- David PARK (Gales) 272 (64+65+71+72)
5.- Bradley DREDGE (Gales) 273 (70+69+64+70)
+ Jarmo SANDELIN (Suecia) 273 (67+71+69+66)
7.- José Manuel LARA (ESPAÑA) 274 (69+68+69+68)
13.- Santiago LUNA (ESPAÑA) 277 (69+67+69+72)
16.- Álvaro SALTO (ESPAÑA) 278 (69+70+72+67)
22.- Miguel Ángel MARTIN (ESPAÑA) 279 (67+70+72+70)
+.- Jesús María ARRUTI (ESPAÑA) 279 (74+65+71+69)
+.- Diego BORREGO (ESPAÑA) 279 (67+73+66+73)
+.- Pedro LINHART (ESPAÑA) 279 (73+66+70+70)
27.- José Manuel CARRILES (ESPAÑA) 280 (68+69+72+71)
40.- Rafael CABRERA (ESPAÑA) 282 (70+68+70+74)
59.- Carlos RODILES (ESPAÑA) 286 (70+73+74+69)
68.- Carl SUNESON (ESPAÑA) 289 (70+73+77+69)
75.- Luis CLAVERIE (ESPAÑA) 295 (69+72+77+77)
+.- Miguel CABRERA (ESPAÑA) 295 (71+72+74+78)
79.- Ricardo JIMÉNEZ (ESPAÑA) 296 (71+71+74+80)

Por Miguel Ángel Caderot
Real Federación Española de Golf

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